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Si nos remontamos a épocas más recientes, en el siglo XIX encontramos referencias sobre una existencia muy numerosa de vacas autóctonas, que de forma un tanto difusa, ocupaban toda la geografía Asturiana. En los años 1836 y 1842 el cónsul de Inglaterra en Asturias J.J. Kelly, a petición del Foreign Office, informa a cerca de los censos del ganado asturiano.
Con la introducción de las razas lecheras especializadas y la mecanización, la vaca Asturiana fue perdiendo su finalidad lechera y de trabajo, siendo desplazada a zonas marginales de la montaña Asturiana, pasando a explotarse con un sistema de producción adaptado a estas zonas, utilizando unas técnicas de manejo que se consolidaron como costumbres culturales y fueron pasando de padres a hijos hasta nuestros días.
En los últimos años los censos de animales de ganado de carne han aumentado considerablemente, de modo que actualmente el número de cabezas de ganado de carne supera al de leche y las razas autóctonas asturianas han pasado de representar en su conjunto el 10% en 1986 a más del 47% del total de cabezas de Asturias en el 2004, manteniéndose en años posteriores esta tendencia, en el incremento de ganado autóctono. Esto significa una clara “re-orientación” de la región, hacia la producción cárnica de sus orígenes ancestrales.
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