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La raza Asturiana, distribuida en la región desde tiempo inmemorial, es la principal raza del llamado tronco castaño dentro de la Península Ibérica, ya sea por su censo o por sus características productivas. Teniendo en cuenta las características biomorfológicas, de los huesos encontrados en las excavaciones de la Campa de Torres (Gijón), las razas que se criaban en los siglos IV y V antes de Cristo, eran las mismas que existen hoy.
Originariamente tanto la Asturiana de los Valles como la Asturiana de la Montaña eran razas de triple actitud “carne, leche y trabajo”, con una procedencia mas o menos concreta cada una de ellas, pero con el paso del tiempo se extendieron prácticamente por toda la geografía Asturiana. A partir del siglo XI se produce una gran expansión ganadera, sobre todo en la zona centro occidental impulsada por centros monásticos, lo que exige al propio tiempo el control de amplias zonas de pastos que se fueron revalorizando gracias a la ganadería.
La ganadería extensiva y la utilización de los pastos comunales, sería fuente de conflicto permanente a lo largo de los siglos. En el año 1277 se crea la primera Hermandad, que tenía como objetivo prioritario la formación de una mancomunidad, para el aprovechamiento de los pastos por parte del ganado, desde el mar hasta las montañas astur-leonesas, potenciando la formación de rebaños en régimen trashumante, pastando en zonas altas en verano y en las zonas bajas durante el invierno.
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